Viva la Vida
Oh, parecería que solo vengo aquí a dos cosas, a quejarme o a presumir, pero qué se le va a hacer. Muchacha suertuda, me dicen mis hermanos. También me dicen otras cosas menos amables.
Hoy mi amiga la viajera ha vuelto, y yo que creía que iba a traerme algún llavero para añadir a mi colección -los entendidos saben que tengo más llaveros que llaves- me llevé una sorpresa. Tanto patalear porque nadie me dio Viva la Vida en mi cumpleaños, y he aquí que me lo ha traído. La versión vera verissima, con el empaque de cartón que me cae mejor que el de plástico. Ok, yo ya tenía el disco, pero igual me ha conmovido mucho. Igual que el chocolate.
Se me ha pedido que participe en la ceremonia religiosa de una amiga que se va a casar. Le he dicho que lo dudo. No es por maldad. Es que no veo muy claro hacer eso cuando yo no soy de la misma religión que los novios. Ella dice que no importa, pero yo creo que sí. No quisiera ofenderla, creo que en realidad es un honor que se acuerden de ti para esas cosas. Al final no aceptaré (me ha dicho que lo piense). Espero que lo entienda. Voy a ir y todo, pero ya involucrarme en la liturgia… ¿Estoy exagerando? Jamás he pensado mucho en el ecumenismo, qué le vamos a hacer.
Ya ven. Después de Lindasam y Falcon, la gente no debería casarse más. A la Fufura la tengo amenazada: cuando empiece a tener malos pensamientos, le proporcionaré una cuerda para que se escape por el balcón. Mucho más práctico, barato y si quiere hasta me ofrezco a tomar las fotos.
(Fufura, si estás leyendo, ¡has sido descubierta!)